jueves, 21 de julio de 2011

Valettia

¿Preguntase usted sobre la fortuna del campeador de soles? No flanqueéis entonces a la dama del horizonte, pues Ericadus es la lengua que vuestra boca busca. Rectifiquemos entonces vuestra interrogante y aprehendemos la duda en la celda que corresponde: ¿Qué ha sido del brazo que quiebra al tirano con respecto al de Ericadus la estrella solitaria?.

Remontémonos a las vísperas de la nada donde crece el incierto y florece la inquietud, allí encontrareis un caballero de sudor como un corazón seco mirando el pendiente lucero haciendose una pregunta que la lengua no permite, mirando con la duda que la garganta calla e inspirando el suspiro que el pulmón acoge. Miráis entonces al hacedor de leyendas observando el infinito cielo, con una inalcanzable duda que echa raíces a lo más profundo del mito. ¡oh Ericadus, llora a corazón llora, pues vuestro destino es incierto al igual que tu historia!.

Recordad conmigo el canto del rito "Cantad conmigo el letargo de la estrella, que reduce su fiesta a una muesca y que expande su pena a una gloria" para entonar la despedida del héroe de una dama que nunca acogió al corazón dolido y enamorado.

Fue en tiempos de vendimia cuando Dolgardar tejió un amor hacia la dama de la rivera, conociendo sólo su brillar se dejo llevar más allá de lo aconsejado y mezclo amor con encanto. Muchos cuestionamos la decisión del osado ¿qué motiva a confiar a un guiño o a una sonrisa una boca o un ojo? Pues nada y todo.
El hacedor de reyes mostro su beneplácito para con la señora del estelar estero por un amor seco y fue de la misma forma que se le correspondió, tanto en el viaje del héroe a la distancia como en la mano que después él negó.

¡Oh labrador de los bien encaminados! ¿a que destino hacéis trova? Incierta decisión a incierto sujeto y siendo el predicado un incógnito, la respuesta queda en el viento escapando del aliento origen del sabio, poco ha de escuchar el ciego de miras para el sordo testigo.

Y he nos aquí, con un campeón despechado y una estrella… ambos eternos. ¿Acabará la historia de preguntarse él por qué, el con quién o el cómo? Jamás y jamás.

Y dicen del domador de furias, que cabalgó sobre el mar para esperar un milagro donde las estrellas descansan en la piedra y allí cogió a la más veraz. Valettia llamó a su nuevo amor y olvidó por completo a la palma de Orión por éste nuevo sol que distante iluminaba su ser.

Y su espada cortó como si la carne apartará, recibe gloria como regalada y abraza el mineral como si la cantera fuera su cama. Si quisiéramos ser blasfemos, otro hombre empuñe la leyenda y otra luz da lumbre a su pobre existencia:

¡Oh Valettia!
Traed la luz del mar
al corazón camperano,
al valor de espada,
al recuerdo amargo.

Si se apagará el sol,
sed entonces mi todo,
pues habito en la luna
y vuestra luz justifica mi paso.

sábado, 26 de junio de 2010

Tcd Parte 1

La bruma lo supo antes que el viento, antes que el sol en el horizonte y la luna en sus ojos, en las penas que oscurecen la vida del villano y de sus manos que se parten ante la rutina del campo, de esa tierra agrietada por la sangre ácida que escurre de las armas del caballero. Así era Askhalon cuando Dolgardar había vuelto.

La ciudad de las montañas, con su extraño olor a sal que recuerda al mar, con el frío que ancla a la realidad y te golpea en las mañanas cuando la gente se queda pensando en nada, ahogados por la marea de nieve y la bruma que se atasca en las playas de las cocinas a leña o en los santuarios a los dioses congelados en sus estatuas de piedras.

La taberna del Cisne Negro permanecía como el antro que había sido siempre, con la sombra recortada de Dolgardar la ultima vez que vino esperandolo con la cerveza servida en el halo pegajoso de la barra de Jacgar el manco, con sus compañeros reunidos en la esquina sombría discutiendo el futuro. Dolgardar abrió la puerta y la brisa fue un amanecer para el oscuro tugurio, iluminando a su paso con sonrisas y vitores.

miércoles, 12 de mayo de 2010

TdC-Prefacio

Hemos de situarnos en aquellos años en que Dolgardar tomo parte de un grupo mayor de heroes, el más recordado de todos Irokki, aprendiz de su gran compañero Iroku quien habia tomado las sendas de su maestro.

Por aquellos tiempos Dolgardar habia vertido sus conocimientos en las artes arcanas, lo que dio origen a su "Tratado de la cinética mágica" el cual fue recopilado por el monje Exhepolas de la orden del Martillo de Askalon.

La presente historia nos muestra una de las grandes decisiones que tubo que tomar nuestro heroé y que marco la mayor de las rivalidades entre él y Dimonett: la mágia. Muchos de los escritos contemporáneos a este se han perdido y hasta el momento es el único que demuestra que Dolgardar conoció a fondo los alcances de los vientos del Caos, esto principalmente por la acción de opositores que han ocultado éste mismo texto, así como su tratado, del másificación publica.

Es recomendable que luego de leer lo presente lean el "Tratado de la cinética mágica" el que da una idea más integra del pensamiento de esa epoca.

lunes, 14 de diciembre de 2009

El canto de Dolgardar

Presentado a un concurso de cuentos cortos con un máximo de 1000 palabras.

No es mi intención molestarlo viajero, pero he visto esta silla a su lado y he pensado que le gustaría deleitarse con una de mis historias, siempre que de tanto en tanto llame al tabernero para que nos sirva un poco del barril y llenemos el tonel con las horas que dispongamos.
Lo que os voy a contar, más que una historia, es un leyenda, un mito ¿qué digo? preparad vuestra merced a escuchar el himno, el salmo, el canto que empequeñece a Rolando, olvidaos de ese y de otros varios, pues esta es la historia que pocos cuentan, pero tantos otros citan y que involucra a mundos completos que carecen de reinos, aunque si damos cuenta a la verdad, él los fundo a todos. He aquí la breve historia de cómo nació Dolgardar.

Confusos son los relatos que hablan de sus comienzos, pues tantas veces se dijo que había muerto que da la impresión de que renaciera de tanto en tanto. Pero la verdad, mi reciente amigo, es que el señor del todo alumbro al mundo en una ciudad olvidada por el tiempo, hace ya centurias atrás. Dolgaerdor fue el ultimo nombre que recibió ésta.
En aquellos días había guerra y una joven madre era princesa de un reino podrido en el conflicto, los caballeros e incluso el ilustre padre de nuestro señor habían abandonado a su pueblo, asegurando que aquella tierra solo servía para los cerdos y ante una derrota segura se fueron diciendo:

-A los puercos lo que es de ellos, nosotros regresaremos cuando os hayais cansado de morir en vano.

Pero, ¿como podían saber ellos que Dolgardar venía en camino? Solo viendo a la madre se podía deslumbrar tal evento, pues desde sus inicios en la matriz fue más bravo que ninguno. Inyectó a su progenitora de fuerzas titánicas y de valor divino, sus herreros tuvieron que preparar una armadura que se ajustara a la madre encinta y pocos no fueron los que cayeron bajo la espada de esta madre preñada ¡y que me corten la lengua si no es cierto! y es que aquellos médicos que cuidarán de ella dieron cuenta que el infante, pronto a venir, daba manotazos como si tuviera una arma en sus manitas.
Pero aunque el pájaro camine como nosotros, nunca correrá como el gato y nunca comerá la carne de lo que se supone que deberá devorarlo. Así la madre, aunque erase la más temeraria entre las de su genero, cayo cautiva ante las manos del aquel entonces Conde Ol Amclor. Si la oscuridad tuviera hidalgo, si el ladrón tuviera rey, si los salvajes que viven del asedio tuvieran religión, el Conde Ol Amclor sería un común para todos ellos y poco hay que decir de él mismo como persona, pues poco había de humanidad en eso que vestía de noble y de esto ultimo, era casi una burla al diccionario.
La madre rogó por su reino y la bestia se regocijo, lloró por sus soldados y él se rió, pidió clemencia y él mostró ira; marchitose ahí la delicada flor de Dolgaerdor. El roble brotó, iracundo volcán, proyectose desde el vientre, ¡el azote de los dioses! quien apreso con su cordón a infame mounstruo viéndose éste obligado a dar cuenta al materno vinculo del heredero, encontrando así fin, en aquel maldito lugar, aquella perversa existencia.
Perdone usted, querido desconocido, por la pena que me llena el fin de la más bella de todas las damas, ya que es de tal cuantía, que inclusive la suave espuma de mi cerveza, me sabe a lagrimas amargas de una tierra amante, y sin embargo, mitiga su árido dolor, por que el tutor de titanes, vengó la muerte de su cáliz y de tantos otros hijos del reino.
Los soldados dieron fin a la tarea del infante y espantaron al enemigo, volviendo con fiesta y fanfarrea junto al rey huerfano.

Los años pasaron y fue criado para ser monarca, entrenado para ser guerrero, aleccionado para ser erudito y las bendiciones se hacían pocas pues los dioses le daban buena ventura, ahora bien mi estimado escucha, llenadme la jarra mientras os cuento el desenlace de esta mínima historia.
Aquellos días fueron hermosos, pues el mundo parecía aprender del héroe y él era coqueto con éste, sin embargo, pronto la ciudad que lo cobijo se convirtió en jaula, mientras su gran amor transformose en cadenas demasiado pesadas cuyo origen había sido un marchito cordón umbilical. Los eruditos con preocupación observaban como el hijo ilustre pasaba tardes enteras mirando el mar, como una llama azul que consumía su vida esperando su abrazo y su beso, deseando ser ola y gaviota, deseando no ser él ni ser nadie.

Mi partida es pronta, ¡pero que mundos no daría por quedarme! y contaros de aquellos sin reinos pero dignos del rey que los posee, sin embargo el señor del todo espera que me detenga, ¡pero escuchadme forastero! regresad cuando tengais la semana libre y yo mi garganta ausente del brillo de vuestra gratitud. Me detengo aquí y os aconsejo que durmáis, y sí la noche os asalta con duda, salid y mirad las pecas de plata, buscad por mi al pequeño Orión y a su río, pues de su orilla bebe Dolgardar quien reposa en el eterno castillo de Niemm en los parajes blancos del desierto de Ericadus, la estrella abatida. Pero eso, son otras historias y otras noches.

¡Vivid tranquilo, morid feliz! ¡Que la cerveza sea fresca y el pan no este duro! Cuando vuelva del fuego que tu vida sea plena. Hasta la vista mi iluminado amigo.

martes, 27 de octubre de 2009

De como Dolgardar se unio a Iroku en campaña

Hacian meses que no se escuchaba del heraldo del bien en campiña alguna y especialmente en los reinos de Dimonett, aquel Conde malvado que rivalizaba con el señor del todo. Los festejos de los siervos del mal eran amplios y se extendian por casi todo el reino, excepto en las profundidades de una caverna donde la luz de la justicia caminaba con marcha segura a traves de los tuneles subterraneos a anchas de que ningún demonio o sirviente podrían sentir la hoja del caballero, aún.

En un pueblo cercano existia una impura villa condenada bajo el gobierno del malvado noble, subyugando a los jovenes elfos que alli vivían. Los habían esclavisado a tal forma en las minas cercanas, que sus cantos eran lugubres y sus pelos antaños vivos, eran mechas negras enmarañadas.
Entre todos había un hombre al que los guardias tenian cizaña, más allá de eso era odio simbolizado en las multiples cadenas que ataban al pobre hombre y le imposibilitaba hacer sus tareas forzadas. Irou era su nombre y castigar el mal su vida, logró mantener en pie la resistencia cerca de tres años, de los cuales 2 los hizo el solo, tan fiero era este monje que había llegado a oidos del bravo domador de soles quien hizo acto de presencia como si fuera parte de la tierra, pues se dice que Dolgardar podía comer a tu lado y tu nunca te darías cuenta.

El sagaz paladín se movio deprisa, logro liberar al monje y castigar al mal, azotando con su espada que brillaba al rebanar los cuellos de incontables seres. Para la mañana una carreta de cuerpos fue mandada con presteza al Conde Dimonett de parte del Virtuoso señor y enterro los otros, que no eran pocos, en un lugar lo suficientemente abierto para que los chacales dieran cuenta de sus roñosas carnes.
Cuando la empresa se dio por finalizada, Dolgardar ofreció a Iroku que lo acompañara y sirviera como compañero, pues aunque el podía con bestias que ejercitos enteros no habrían ni pensado otra cosa que correr despavoridos, el flagelante de tiranos solo era uno. Iroku no dio verdad a lo que le decían, pues a buenas y a primeras no habia reconocido a Dolgardar como tal, pues mucho se cuenta de nuestro heroe, y acepto tan pronto como la sorpresa dejo a tras su verdad salada.

Esa mañana el mundo amanecio como si nunca lo hubiera hecho y la noche tardo en llegar tanto como el día logró retenerla.

lunes, 19 de octubre de 2009

De aquella vez que viese a Dolgar arrinconado entre Cervezas y Enemigos.

Se dice que Dolgardar era un asiduo bebedor, pero más que eso era un catador talentoso, experto en todo tipo de brebajes, licores y nectares. Llegose a él, un día, la amable invitación de acercarse a una taberna a desgustar una de las cervezas más fuertes de la región, a lo que nuestro paladín acepto con gusto dejando de lado una pequéña misión que lo molestaba de momento, pues el señor del todo solía aceptar muchas misiones que iba cumpliendo con tal presteza que uno no sabia cual era la primera y cual la ultima.

Sentandose en la barra, se le sirvio una tras otra de jarras rebosantes del vino de oro, sin producir vibratto alguno en el bigote del domador de demonios a lo que el tabernero en un acto de desesperanza le ofrecio el barril, acto que termino en un aplauso y un azote a los incredulos que observaron como la garganta más honorable del lugar danzaba con el fluido que decendía a las catacumbas corporales del heroé.

Fue en ese momento cuando, sin mayor recato, Dolgardar fue ataco por un vil siervo del renombrado Conde Dimonett, el enemigo a muerte y adorador del mal de nuestro flameante domador de soles. Una batalla que pretendia tomar vantaja del estado de ebriedad inexiste en el pulco cuerpo del caballero que se defendío con la misma presteza con la que había derrotado a tantos otros seres. El esbirro al verse superado y al borde de la muerte invoco fuerzas oscuras que se invocaron en forma de llamas iluminando el tugurio, a lo que nuestro señor respondio invocando a aquellos dioses que tanto le debian al sanador de pestes.

Cuando las luces se disiparon, el maligno había desaparecido y todos bebieron nuevamente al son de los cantos e historias que relataban la vida del señor del todo.