Hacian meses que no se escuchaba del heraldo del bien en campiña alguna y especialmente en los reinos de Dimonett, aquel Conde malvado que rivalizaba con el señor del todo. Los festejos de los siervos del mal eran amplios y se extendian por casi todo el reino, excepto en las profundidades de una caverna donde la luz de la justicia caminaba con marcha segura a traves de los tuneles subterraneos a anchas de que ningún demonio o sirviente podrían sentir la hoja del caballero, aún.
En un pueblo cercano existia una impura villa condenada bajo el gobierno del malvado noble, subyugando a los jovenes elfos que alli vivían. Los habían esclavisado a tal forma en las minas cercanas, que sus cantos eran lugubres y sus pelos antaños vivos, eran mechas negras enmarañadas.
Entre todos había un hombre al que los guardias tenian cizaña, más allá de eso era odio simbolizado en las multiples cadenas que ataban al pobre hombre y le imposibilitaba hacer sus tareas forzadas. Irou era su nombre y castigar el mal su vida, logró mantener en pie la resistencia cerca de tres años, de los cuales 2 los hizo el solo, tan fiero era este monje que había llegado a oidos del bravo domador de soles quien hizo acto de presencia como si fuera parte de la tierra, pues se dice que Dolgardar podía comer a tu lado y tu nunca te darías cuenta.
El sagaz paladín se movio deprisa, logro liberar al monje y castigar al mal, azotando con su espada que brillaba al rebanar los cuellos de incontables seres. Para la mañana una carreta de cuerpos fue mandada con presteza al Conde Dimonett de parte del Virtuoso señor y enterro los otros, que no eran pocos, en un lugar lo suficientemente abierto para que los chacales dieran cuenta de sus roñosas carnes.
Cuando la empresa se dio por finalizada, Dolgardar ofreció a Iroku que lo acompañara y sirviera como compañero, pues aunque el podía con bestias que ejercitos enteros no habrían ni pensado otra cosa que correr despavoridos, el flagelante de tiranos solo era uno. Iroku no dio verdad a lo que le decían, pues a buenas y a primeras no habia reconocido a Dolgardar como tal, pues mucho se cuenta de nuestro heroe, y acepto tan pronto como la sorpresa dejo a tras su verdad salada.
Esa mañana el mundo amanecio como si nunca lo hubiera hecho y la noche tardo en llegar tanto como el día logró retenerla.
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