La bruma lo supo antes que el viento, antes que el sol en el horizonte y la luna en sus ojos, en las penas que oscurecen la vida del villano y de sus manos que se parten ante la rutina del campo, de esa tierra agrietada por la sangre ácida que escurre de las armas del caballero. Así era Askhalon cuando Dolgardar había vuelto.
La ciudad de las montañas, con su extraño olor a sal que recuerda al mar, con el frío que ancla a la realidad y te golpea en las mañanas cuando la gente se queda pensando en nada, ahogados por la marea de nieve y la bruma que se atasca en las playas de las cocinas a leña o en los santuarios a los dioses congelados en sus estatuas de piedras.
La taberna del Cisne Negro permanecía como el antro que había sido siempre, con la sombra recortada de Dolgardar la ultima vez que vino esperandolo con la cerveza servida en el halo pegajoso de la barra de Jacgar el manco, con sus compañeros reunidos en la esquina sombría discutiendo el futuro. Dolgardar abrió la puerta y la brisa fue un amanecer para el oscuro tugurio, iluminando a su paso con sonrisas y vitores.
sábado, 26 de junio de 2010
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