Presentado a un concurso de cuentos cortos con un máximo de 1000 palabras.
No es mi intención molestarlo viajero, pero he visto esta silla a su lado y he pensado que le gustaría deleitarse con una de mis historias, siempre que de tanto en tanto llame al tabernero para que nos sirva un poco del barril y llenemos el tonel con las horas que dispongamos.
Lo que os voy a contar, más que una historia, es un leyenda, un mito ¿qué digo? preparad vuestra merced a escuchar el himno, el salmo, el canto que empequeñece a Rolando, olvidaos de ese y de otros varios, pues esta es la historia que pocos cuentan, pero tantos otros citan y que involucra a mundos completos que carecen de reinos, aunque si damos cuenta a la verdad, él los fundo a todos. He aquí la breve historia de cómo nació Dolgardar.
Confusos son los relatos que hablan de sus comienzos, pues tantas veces se dijo que había muerto que da la impresión de que renaciera de tanto en tanto. Pero la verdad, mi reciente amigo, es que el señor del todo alumbro al mundo en una ciudad olvidada por el tiempo, hace ya centurias atrás. Dolgaerdor fue el ultimo nombre que recibió ésta.
En aquellos días había guerra y una joven madre era princesa de un reino podrido en el conflicto, los caballeros e incluso el ilustre padre de nuestro señor habían abandonado a su pueblo, asegurando que aquella tierra solo servía para los cerdos y ante una derrota segura se fueron diciendo:
-A los puercos lo que es de ellos, nosotros regresaremos cuando os hayais cansado de morir en vano.
Pero, ¿como podían saber ellos que Dolgardar venía en camino? Solo viendo a la madre se podía deslumbrar tal evento, pues desde sus inicios en la matriz fue más bravo que ninguno. Inyectó a su progenitora de fuerzas titánicas y de valor divino, sus herreros tuvieron que preparar una armadura que se ajustara a la madre encinta y pocos no fueron los que cayeron bajo la espada de esta madre preñada ¡y que me corten la lengua si no es cierto! y es que aquellos médicos que cuidarán de ella dieron cuenta que el infante, pronto a venir, daba manotazos como si tuviera una arma en sus manitas.
Pero aunque el pájaro camine como nosotros, nunca correrá como el gato y nunca comerá la carne de lo que se supone que deberá devorarlo. Así la madre, aunque erase la más temeraria entre las de su genero, cayo cautiva ante las manos del aquel entonces Conde Ol Amclor. Si la oscuridad tuviera hidalgo, si el ladrón tuviera rey, si los salvajes que viven del asedio tuvieran religión, el Conde Ol Amclor sería un común para todos ellos y poco hay que decir de él mismo como persona, pues poco había de humanidad en eso que vestía de noble y de esto ultimo, era casi una burla al diccionario.
La madre rogó por su reino y la bestia se regocijo, lloró por sus soldados y él se rió, pidió clemencia y él mostró ira; marchitose ahí la delicada flor de Dolgaerdor. El roble brotó, iracundo volcán, proyectose desde el vientre, ¡el azote de los dioses! quien apreso con su cordón a infame mounstruo viéndose éste obligado a dar cuenta al materno vinculo del heredero, encontrando así fin, en aquel maldito lugar, aquella perversa existencia.
Perdone usted, querido desconocido, por la pena que me llena el fin de la más bella de todas las damas, ya que es de tal cuantía, que inclusive la suave espuma de mi cerveza, me sabe a lagrimas amargas de una tierra amante, y sin embargo, mitiga su árido dolor, por que el tutor de titanes, vengó la muerte de su cáliz y de tantos otros hijos del reino.
Los soldados dieron fin a la tarea del infante y espantaron al enemigo, volviendo con fiesta y fanfarrea junto al rey huerfano.
Los años pasaron y fue criado para ser monarca, entrenado para ser guerrero, aleccionado para ser erudito y las bendiciones se hacían pocas pues los dioses le daban buena ventura, ahora bien mi estimado escucha, llenadme la jarra mientras os cuento el desenlace de esta mínima historia.
Aquellos días fueron hermosos, pues el mundo parecía aprender del héroe y él era coqueto con éste, sin embargo, pronto la ciudad que lo cobijo se convirtió en jaula, mientras su gran amor transformose en cadenas demasiado pesadas cuyo origen había sido un marchito cordón umbilical. Los eruditos con preocupación observaban como el hijo ilustre pasaba tardes enteras mirando el mar, como una llama azul que consumía su vida esperando su abrazo y su beso, deseando ser ola y gaviota, deseando no ser él ni ser nadie.
Mi partida es pronta, ¡pero que mundos no daría por quedarme! y contaros de aquellos sin reinos pero dignos del rey que los posee, sin embargo el señor del todo espera que me detenga, ¡pero escuchadme forastero! regresad cuando tengais la semana libre y yo mi garganta ausente del brillo de vuestra gratitud. Me detengo aquí y os aconsejo que durmáis, y sí la noche os asalta con duda, salid y mirad las pecas de plata, buscad por mi al pequeño Orión y a su río, pues de su orilla bebe Dolgardar quien reposa en el eterno castillo de Niemm en los parajes blancos del desierto de Ericadus, la estrella abatida. Pero eso, son otras historias y otras noches.
¡Vivid tranquilo, morid feliz! ¡Que la cerveza sea fresca y el pan no este duro! Cuando vuelva del fuego que tu vida sea plena. Hasta la vista mi iluminado amigo.
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