Se dice que Dolgardar era un asiduo bebedor, pero más que eso era un catador talentoso, experto en todo tipo de brebajes, licores y nectares. Llegose a él, un día, la amable invitación de acercarse a una taberna a desgustar una de las cervezas más fuertes de la región, a lo que nuestro paladín acepto con gusto dejando de lado una pequéña misión que lo molestaba de momento, pues el señor del todo solía aceptar muchas misiones que iba cumpliendo con tal presteza que uno no sabia cual era la primera y cual la ultima.
Sentandose en la barra, se le sirvio una tras otra de jarras rebosantes del vino de oro, sin producir vibratto alguno en el bigote del domador de demonios a lo que el tabernero en un acto de desesperanza le ofrecio el barril, acto que termino en un aplauso y un azote a los incredulos que observaron como la garganta más honorable del lugar danzaba con el fluido que decendía a las catacumbas corporales del heroé.
Fue en ese momento cuando, sin mayor recato, Dolgardar fue ataco por un vil siervo del renombrado Conde Dimonett, el enemigo a muerte y adorador del mal de nuestro flameante domador de soles. Una batalla que pretendia tomar vantaja del estado de ebriedad inexiste en el pulco cuerpo del caballero que se defendío con la misma presteza con la que había derrotado a tantos otros seres. El esbirro al verse superado y al borde de la muerte invoco fuerzas oscuras que se invocaron en forma de llamas iluminando el tugurio, a lo que nuestro señor respondio invocando a aquellos dioses que tanto le debian al sanador de pestes.
Cuando las luces se disiparon, el maligno había desaparecido y todos bebieron nuevamente al son de los cantos e historias que relataban la vida del señor del todo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario