martes, 27 de octubre de 2009

De como Dolgardar se unio a Iroku en campaña

Hacian meses que no se escuchaba del heraldo del bien en campiña alguna y especialmente en los reinos de Dimonett, aquel Conde malvado que rivalizaba con el señor del todo. Los festejos de los siervos del mal eran amplios y se extendian por casi todo el reino, excepto en las profundidades de una caverna donde la luz de la justicia caminaba con marcha segura a traves de los tuneles subterraneos a anchas de que ningún demonio o sirviente podrían sentir la hoja del caballero, aún.

En un pueblo cercano existia una impura villa condenada bajo el gobierno del malvado noble, subyugando a los jovenes elfos que alli vivían. Los habían esclavisado a tal forma en las minas cercanas, que sus cantos eran lugubres y sus pelos antaños vivos, eran mechas negras enmarañadas.
Entre todos había un hombre al que los guardias tenian cizaña, más allá de eso era odio simbolizado en las multiples cadenas que ataban al pobre hombre y le imposibilitaba hacer sus tareas forzadas. Irou era su nombre y castigar el mal su vida, logró mantener en pie la resistencia cerca de tres años, de los cuales 2 los hizo el solo, tan fiero era este monje que había llegado a oidos del bravo domador de soles quien hizo acto de presencia como si fuera parte de la tierra, pues se dice que Dolgardar podía comer a tu lado y tu nunca te darías cuenta.

El sagaz paladín se movio deprisa, logro liberar al monje y castigar al mal, azotando con su espada que brillaba al rebanar los cuellos de incontables seres. Para la mañana una carreta de cuerpos fue mandada con presteza al Conde Dimonett de parte del Virtuoso señor y enterro los otros, que no eran pocos, en un lugar lo suficientemente abierto para que los chacales dieran cuenta de sus roñosas carnes.
Cuando la empresa se dio por finalizada, Dolgardar ofreció a Iroku que lo acompañara y sirviera como compañero, pues aunque el podía con bestias que ejercitos enteros no habrían ni pensado otra cosa que correr despavoridos, el flagelante de tiranos solo era uno. Iroku no dio verdad a lo que le decían, pues a buenas y a primeras no habia reconocido a Dolgardar como tal, pues mucho se cuenta de nuestro heroe, y acepto tan pronto como la sorpresa dejo a tras su verdad salada.

Esa mañana el mundo amanecio como si nunca lo hubiera hecho y la noche tardo en llegar tanto como el día logró retenerla.

lunes, 19 de octubre de 2009

De aquella vez que viese a Dolgar arrinconado entre Cervezas y Enemigos.

Se dice que Dolgardar era un asiduo bebedor, pero más que eso era un catador talentoso, experto en todo tipo de brebajes, licores y nectares. Llegose a él, un día, la amable invitación de acercarse a una taberna a desgustar una de las cervezas más fuertes de la región, a lo que nuestro paladín acepto con gusto dejando de lado una pequéña misión que lo molestaba de momento, pues el señor del todo solía aceptar muchas misiones que iba cumpliendo con tal presteza que uno no sabia cual era la primera y cual la ultima.

Sentandose en la barra, se le sirvio una tras otra de jarras rebosantes del vino de oro, sin producir vibratto alguno en el bigote del domador de demonios a lo que el tabernero en un acto de desesperanza le ofrecio el barril, acto que termino en un aplauso y un azote a los incredulos que observaron como la garganta más honorable del lugar danzaba con el fluido que decendía a las catacumbas corporales del heroé.

Fue en ese momento cuando, sin mayor recato, Dolgardar fue ataco por un vil siervo del renombrado Conde Dimonett, el enemigo a muerte y adorador del mal de nuestro flameante domador de soles. Una batalla que pretendia tomar vantaja del estado de ebriedad inexiste en el pulco cuerpo del caballero que se defendío con la misma presteza con la que había derrotado a tantos otros seres. El esbirro al verse superado y al borde de la muerte invoco fuerzas oscuras que se invocaron en forma de llamas iluminando el tugurio, a lo que nuestro señor respondio invocando a aquellos dioses que tanto le debian al sanador de pestes.

Cuando las luces se disiparon, el maligno había desaparecido y todos bebieron nuevamente al son de los cantos e historias que relataban la vida del señor del todo.